El sótano rojo +18



¿Que si alguna vez podré olvidar todo esto? Por supuesto que no. Me llamo Rosalía, pero nací llamándome Adrián. Creo que tengo 18 años, hace mucho tiempo que me encerraron en ese lugar, aunque las cosas han cambiado.

Me veía tan hermosa en los espejos... Los chicos me hacían sentir deseada. Vestir cómo me apetecía no era un problema. Nunca conocí a mi padre y mi madre apenas venía a casa, prácticamente me crie sola. Al llegar a la adolescencia me di cuenta de que necesitaba quitar una parte de mi cuerpo..., por lo que decidí buscar la forma de ganar dinero. Lo que iba a ser un trabajo de peluquera, se convirtió en una pesadilla. Me secuestraron, pensando que no tenía pene. 

Los primeros días en el sótano rojo  —lo llamaban así, porque es donde estaban las paredes manchadas de sangre— fueron horribles. Al llegar, me pegaron una paliza delante de las demás. Cuando descubrieron la realidad, me torturaron con muchos golpes más y nada les impidió a varios de ellos violarme. Me sentí asqueada y dolorida, el olor a orina y sangre pronto se impregnó en todo mi cuerpo. Pero dentro de aquel horrible lugar conocí a unas personas maravillosas: mis compañeras.

Las cuatro recibíamos la misma comida: pan y agua. No me volvieron a golpear, de eso ya se encargaban  los clientes que pagaban por destruir nuestra vida. Pasamos por momentos muy difíciles y duros. Por la noche nos explotaban y por el día estábamos exhaustas. 

Maya era la mayor y la que más tiempo llevaba en el sótano rojo. En los momentos más tristes, ella estaba ahí para cuidar de nosotras. 

Lisa era la que más lástima me daba, se había quedado embarazada varias veces de Aníbal, el jefe de aquel apestoso lugar«¡A Lisa! ¡Abrid las piernas a mi puta favorita!», y después de unos meses le hacía abortar con una paliza. La pobre tenía los pequeños cuerpos acostados en su colchón de espuma, los acariciaba y los cantaba nanas para dormir. 

Clara casi no hablaba. Se limitaba a decir lo que parecían números al azar. Entre Maya y ella existía una gran complicidad y afinidad.

Todo empezó hace dos días. Aquel imbécil me lo echó todo en la cara... Después de abofetearme empezó a reír desmesuradamente y me tiró de propina 1 céntimo de euro. «Eso es lo que vales, maricón, eres basura». Cuando salió de la habitación, decidí que era el momento de quitarme la vida. Me limpié la cara y comencé a llorar de la rabia y frustración. Cuando Maya vio que quería golpear mi cabeza contra la pared se acercó a mí y me abrazó.

—Tranquila... Recuerda que eres lo más hermoso que existe, preciosa, no hagas caso a ese neandertal. —Yo no podía dejar de derramar lágrimas, no aguantaba más. Entonces me susurró:— Esta es la noche..., prepárate.

—¡Cinco! ¡Tres! ¡Ochenta! —Las miradas de mis compañeras se fundieron al instante.

La puerta del sótano se abrió de nuevo. Como siempre, entró el guardia que nos custodiaba. Junto a él estaba el jefe y un señor que venía por primera vez. 

—Estas perras son de calidad —comentó Aníbal—. No te fíes de esa jovencita tan linda, es un maricón con rabo. —Después de aquel doloroso comentario, señaló a Lisa—. Esa zorra es mía, nadie la toca, ¿has entendido?

—Sí —afirmó el nuevo cliente—. Me van las jovencitas, me la voy a follar por el culo, así que..., no hay problema. —Carcajeó mientras  entregaba el dinero.

Al salir de la sala el gobernador, el guardia como siempre se quedó mirando. Y ese hombre se acercó a mí.

—No quiero que la loca de los números diga nada, ¿vale? —avisó el vigilante desde la  salida.

El hombre que abonó dinero por el servicio me empujó y caí al suelo. 

—¡Espera! —le dijo Lisa—. Quiero que me folles a mí. —Caminó hacia él.

Entonces el idiota que estaba en la puerta fue a poner orden.

—¡No! Tú te quedas con tus muñecos de mierda. —Puso una mano en el pecho de la mujer para detenerla.

—Adelante, pégame hijo de puta, ya no tengo nada que perder, solo quiero que me folle ese desgraciado. —Lisa tenía los ojos rojos, estaba llena de ira.

Vimos cómo sacó una porra y levantó la mano para pegarle. En ese instante Maya le clavó un cuchillo por la espalda, al parecer, hace un tiempo consiguieron uno y lo tenían escondido. Como si estuviera ensayado, Clara tapo la boca al nuevo consumidor. Me levanté del suelo y entre las tres le pegamos una paliza: lo tiramos al piso y empezamos a pegarle patadas. Aquella mierda no podía gritar, ya que primero le pisamos la boca con fuerza y le rompimos los dientes. Es obvió que perdió el conocimiento. A su vez, nuestra líder  clavaba una y otra vez el cuchillo en la cara y cuerpo de aquel excremento y le hizo tragar la porra.

Entonces comprendí que los números tenían un significado. Había pasado tanto tiempo, que Clarita sabía cuánta gente había en aquel lugar y cuándo era el momento idóneo para actuar. Entre ellas crearon unos códigos, fueron muy astutas. Conseguimos la llave de la celda, pero no salimos. 

Según los cálculos, solo estarían Aníbal y otro señor más. Era el día en el que eran más vulnerables, no podíamos fallar. 

Pasaron las horas y cuando entraron en el sótano rojo, los atacamos por sorpresa. Al menos importante le metimos un disparo en el rostro con su propia pistola. Al gobernador, lo dejamos inconsciente y le preparamos un regalo.

Cuando despertó, se encontró en el lugar al que él mismo le puso nombre. Habíamos bajado una televisión y un sillón, en el que Lisa colocó a sus pequeños, junto a la silla en la que él estaba amordazado. La tele solo mostraba virutas y el sonido desagradable de un canal sin codificar. Se sentó al lado de sus «bebés». Entonces llamó la atención de aquel monstruo que la violó tantas veces y que en ese momento, intentaba gritar con un esparadrapo en la boca. 

—Ahora somos una familia, Aníbal. ¡Shhh! Los vas a despertar. —Comenzó a acariciar a uno de los fetos—. Sí, niños. Este es vuestro padre. 

Era mi turno y me dirigí hacia él. Le agarré por detrás del pelo.

—Creo que te voy a cortar algo delante de tu nueva familia —le indicó Maya, colocándose delante de él. Se agachó y le bajó los pantalones. 

Lisa se levantó del sillón, le miró a la cara y le escupió. Después se dejó llevar por la locura  y solo expresaba carcajadas y risas variadas. 

Le hicieron varios cortes en el pene y a su vez, Clara le echaba agua oxigenada en el miembro. Cuanto más trataba aquel individuo de gritar, más fuerza usé para taparle la boca. Le inyectaron algo para que no perdiera el conocimiento. Con unas pinzas le pellizcaron los huevos, hasta que al final se los destrozaron a martillazos. Mientras le torturaban, Lisa le enseñaba los fetos de cerca: «¡Papá, papá!» Los usaba como si fuera un ventrílocuo y los frotaba con la cara de aquel hijo de puta. Lo electrocutamos, le quemamos partes de su cuerpo y le sacamos los ojos. Pero no queríamos matarlo, porque faltaba  lo más importante: meterle un buen palo por el ano. Los intentos de gritar nos sonaron  a música celestial. Cuando se iba a desmayar, lo despertábamos a golpes o con agua hirviendo en el pecho. Lo hicimos daño hasta que no aguantó más.

Después de dos días, aún tiemblo al recordar todo lo que pasé. Ahora estoy en un hospital. Nos salvamos, somos libres. Juntas logramos la libertad, gracias a las tres heroínas que conocí en aquel sótano rojo.

Comentarios

  1. Hola RR. Perturbador relato, aunque es explicito y violento me lo he leído hasta el final. Me ha gustado la historia sin filtros de ningún tipo. Un abrazo.

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    1. Lo he hecho un poco más largo, porque me acordé de ti. Me alegro de que te haya gustado. Un abrazo.

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  2. Madre mia, es impresionante está de 10 enhorabuena campeón

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    1. Muchas gracias, a ver cuando charlamos una tarde, hace semanas que no nos tomamos un café juntos. ^^

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    1. Gracias, Bárbara. Un abrazo. Me has hecho el día comentando.

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  4. ¡Hola Misterio!
    Un relato morbosamente creativo, de terror psicológico, traumático por el cual pasan las protagonistas. ¡Has logrado un genial ambiente de película snuff! Los horrores de la mente retorcida de esos humanos son brutales. Me satisface el final, una chicas muy astutas al inventar ese code, una venganza tan dulce como un buen postre con doble chocolate. ¡Casi me desmayo cuando leí lo del martillo y las bolas! Muy bien elaborado, me encanto.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Yessykan. Siempre escribo microrrelatos y tenía pendiente alguno un poco más largo. Genial leerte por aquí. Un abrazo.

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