La niña de los ojos color celeste

 No aguantaba más... Arranqué el coche y me dirigí a mi lugar favorito. 

Una vez a la semana iba a las cataratas para pasar la tarde. Percibir la brisa húmeda en mi piel y el sonido del agua me hacía sentir vivo, aunque no feliz, porque nunca lo fui. Me acerqué al borde para contemplar la altura de la caída. Esta vez, estaba decidido a saltar.

—¡Ethan!

Escuché una voz infantil y busqué con la mirada. Fue confuso no encontrar a nadie.

Cerré los ojos, respiré hondo y decidí dejarme llevar antes de tirarme. Esta vez, una mano agarró la mía, era pequeña, muy suave y me transmitió paz. 

Lejos de asustarme, descubrí que a mi lado había una niña: llevaba ropa blanca que contrastaba con su piel de color azabache, tenía unos ojos de color celeste, muy intensos. No sabía si era real.

—Ethan, cuidado con lo que haces, no salvo vidas.

—¿Por qué sabes cómo me llamo? ¿Dónde están tus padres? No deberías estar sola y menos dar la mano a un desconocido, ¿sabes? —Solté su mano con delicadeza.

—Mis padres están en el mismo lugar que los tuyos. Lo siento. —Agachó la mirada y su carita se puso triste.

—¿Cómo sabes que soy huérfano?

—Porque tú y yo somos más parecidos de lo que piensas. 

   Me enseñó las palmas de las manos y de ellas surgió lo más hermoso que había visto en mi vida: burbujas que contenían imágenes de niños que denotaban felicidad. Sopló una de ellas y voló hasta mí. 

—Soy yo, cuando era niño —dije.

—Te equivocas, nunca dejaste de serlo —replicó.

Caminó hasta ponerse frente a mí y con un chasquido de dedos convirtió la burbuja en un hada. Era igual que ella, pero muy pequeña y con alas. Carcajeó y revoloteó hasta perderse en el hermoso paisaje.

—Agáchate, por favor —me indicó.

Me puse de rodillas, a su misma altura.

—¿Eres un fantasma? ¿Cómo te llamas? —Estaba cautivado, pero quería saber más sobre ella.

—Tú ya sabes cómo me llamo. —Con una mano acarició mi mejilla—. Duele no conocer el calor que aporta el abrazo de una madre o jugar y reír con un padre. Ethan, mírame a los ojos. —La mirada celeste penetró la mía y mi piel se volvió sensible—. Desde pequeño te han tratado mal: has sido insultado, golpeado y cosas horribles que mi mente no me permite ver. Tus padres no se suicidaron por tomar sustancias extrañas. Nunca supiste lo que es el amor, nadie te lo enseñó y aun así eres maravilloso. Te mintieron...

Unas lágrimas recorrieron nuestros rostros. Ella secó su carita con las manos y después hizo lo mismo con la mía. 

—¿Estás listo, Ethan? —Sonrió.

No pude responder, me quedé asombrado, ya que el entorno empezó a dar vueltas. Por un momento estábamos solos en un plano blanco. Después, los giros se hicieron poco a poco menos agresivos, hasta que nos hallamos en otra época y lugar.

Aparecimos en un parque, el cielo avisaba que la noche llegaría pronto. La pequeña se encontraba a mi lado. A unos cinco metros, enfrente de nosotros, estaban una mujer y un hombre, sentados en un banco con un carrito de bebé al lado. No podían vernos. Detrás de la pareja, a lo lejos, una persona robusta y enmascarada avanzaba a paso ligero hacia ellos sin que se dieran cuenta.

—¡¡Cuidado!! —Quise moverme, pero no pude.

—Para crecer y madurar siempre hay que sacrificar algo, ¿no crees, Ethan? —Comenzó a caminar hacia ellos.

La pareja seguía sin enterarse de nada. El encapuchado desenfundó un cuchillo mientras se les acercaba cada vez más.

—¡¿Qué hacéis?! ¡Parad! —Estaba muy nervioso, aquel individuo quería hacerles daño, además la niña caminaba decidida en esa dirección—. ¡Por favor, parad esto!

La chica miró hacia atrás y se despidió de mí.

—Tranquilo, estaré bien. —Comenzó a correr como si tuviera todo calculado: primero brincó en el asiento del banco, entre medias de la pareja, después apoyó un pie en el respaldo para impulsarse hacia él. Me llené de lástima e impotencia al ver cómo  clavó el cuchillo en el torso de la muchacha y cayeron al suelo.

—¡¡No!! —grité mientras el ambiente se volvía blanco de nuevo, quedándome solo con el cuerpo de la joven. En ese momento ya pude moverme— ¡¡Maldita sea!! ¡¡¿Por qué hacéis esto?!! —Lo más rápido que pude me acerqué a ella y sostuve el cuerpo entre mis brazos. Entonces lloré como un niño— ¡¡No lo entiendo!! ¡¡¿Quién ha hecho esto?!!

Y de repente, sin más, todo se volvió  de color negro.

¡Hola! Me llamo Ethan y tengo ocho años. Mis padres me han comprado este diario para escribir lo que vivo cada día. Soy feliz, mi madre me mima mucho y me lo paso genial jugando con mi padre. 

Hoy he conocido a una nueva compañera en el colegio. Tiene los ojos de color celeste y hacen juego con su color de piel azabache. No paramos de disfrutar y pasarlo bien juntos. Me ha dicho que vamos a ser amigos para siempre. ¡Ah! Y se llama Inocencia... 

Comentarios

  1. Hola RR_Misterio. Me ha gustado mucho el relato.
    Me ha atrapado desde el principio . Cuando he empezado , quería seguir leyendo para ver como terminaba la historia. El giro final , pienso que le queda genial. Enhorabuena y suerte para el concurso. Un saludo.

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  2. Bonito relato, es muy bonita la inocencia 😉

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  3. Precioso, que bonito!! Y te tiene expectante del principio al final, la inocencia... Lo mejor que tenemos.

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    1. Gracias, Pyman. Un abrazo y espero un café pronto. Ja, ja, ja.

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  4. Dios mío, es precioso me he quedado sin palabras, eres increíble kike un abrazo

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  5. Magnifica Idea, nos haz llevado a un mundo de magia, de emociones. Creo que los huerfanos sufren mucho, incluso la falta de uno solo de los padres ya es devastador para la psiquis de un infante.

    Los dos chiquillos del relato nos muestran varias fascetas de la vida. Segun entiendo se le ha dado una nueva oportunidad a Ethan, el cual vivio una vida muy dura.

    La Inocencia lo ha rescatado

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    1. Muchas gracias por leerme y comentar, José. Sí, la verdad es que el pobre Ethan lo pasó muy mal. Inocencia es una heroína. Un abrazo.

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  6. Gracias, RR, por participar con este relato en el homenaje a Matilda de Roald Dahl. Un abrazo y suerte!

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  7. Qué preciosidad de relato, me ha atrapado de principio a fin. Felicidades. Abrazos.

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    1. Muchas gracias, Marina. Me alegro que te haya gustado. Otro abrazo enorme para ti.

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  8. Hola, RR. Un ejercicio imaginativo y sensible en torno a la inocencia y sobre todo, al dolor de los niños huérfanos.
    "Mi madre me mima mucho", muy apropiado para el tipo de relato, me recordó a los ejercicios de las cartillas de lecturas de los pequeños para aprender a escribir la "m".

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    1. Yo hice muchas cartillas de caligrafía. Tengo una letra horrible. Ja, ja ,ja. Y eso que hice todas, ¡eh! Un abrazo, Tara.

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  9. Hola, RR Misterio. Nos cuentas una historia muy emotiva. Con imaginación y sensibilidad nos llevas de la mano hasta el final. Una buena aportación al reto. Suerte.
    Saludos.

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    1. Gracias, Carmen. Me alegro que te haya gustado. Un abrazo.

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  10. Muy muy bonito, RR. Una historia delicada contada con mucha sensibilidad. El giro final me ha encantado. Felicidades y mucha suerte.

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    1. Gracias, Marta. Te agredezco mucho tu visita y comentario. Un abrazo.

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  11. Hola RR, emotiva historia, los sentimientos a flor de piel. Espero que te vaya muy bien en el concurso. Saludos.

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    1. Gracias, Ana. Mis sentimientos estuvieron igual cuando lo escribí, si yo te contara... Un abrazo.

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  12. Un relato muy inquietante con un final inesperado. Muy hermoso y poético, por otra parte.
    Mucha suerte en el concurso.
    Un beso.

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  13. Buena historia y emotiva, con una infancia desgarrada de fondo.
    Suerte y un abrazo.

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    1. Gracias, Ángel. Ojalá Inocencia existiera de verdad... Aunque quizás vive dentro de nosotros, ¿No crees?

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  14. Hola.. Hermoso y emotivo relato. Me ha gustado mucho.. saludos.

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    1. Me alegra mucho, Octavio, que te haya gustado el relato. Un abrazo.

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  15. Hola, RR. Un relato muy bueno, con su sello, en el que muchas veces sale tu adorable cuchillo, jejej. Muy bien llevada la trama con ese doble sentido, una metáfora perfecta para explicar la pérdida de la inocencia en un niño con un pasado marcado. Muy original y con un par de giros que ayudan a que el lector no se escape, de hecho continúo dentro de la historia, jeje.
    Un abrazo!

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    1. Tengo que ir al psicólogo. Siempre termino matando a alguien ja, ja , ja. Gracias, Pepe. Un abrazo.

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