La casa de color rojo (2021)

 



Izan terminó el desayuno, dejó la taza en la mesa y se levantó de la silla para despedirse de su madre antes de ir a la escuela. Esta esperaba en la puerta de entrada y sujetaba la cartera del chico.

Le besó en la mejilla, cargó la mochila y se la colocó al niño en la espalda.

 —¡Chiquitín! Venga, que si no llegarás tarde al colegio. —Lo abrazó.

Izan salió a la calle y empezó el camino hacia la escuela.

—¡¡En la mochila he puesto un bocadillo!! —grito la madre mientras que el pequeño caminaba.

Había varias rutas para ir a la escuela, pero a él le encantaba pasar por la calle en la que estaba la juguetería. Ese día la calle estaba vallada por obras, por lo que, el chico decidió cambiar de recorrido.

Caminaba despistado y meditaba: «si llego tarde, será por culpa de que la calle estaba cortada. ¿De qué será el bocadillo que me ha preparado mamá?».

Cuando se dio cuenta estaba en una calle desconocida. A la izquierda había un bosque y a la derecha casas antiguas.

Una voz llamó su atención.

 —Izan, ¿jugamos a escondernos? —Una cabeza se asomó desde un árbol. El chiquillo estaba sorprendido de encontrar un rostro allí. Era una niña con la cara sucia, el pelo desaliñado, los ojos no parpadeaban y su boca no se movía; llevaba un vestido celeste y encima de la cabeza flotaban dos esferas negras.

—¿Quién eres? ¿Qué te ha pasado? —preguntó el pequeño. Estaba preocupado por el aspecto de la chica.

—Soy Alicia, es hora de ocultarse ¡Tenemos que ir a la casa de color rojo! ¡Allí no nos encontrarán!

—Espera, Alicia. ¿Qué son esos puntos negros que tienes sobre tu cabeza?

Las esferas se movieron en dirección a Izan, detrás de estas, la pequeña caminaba a paso ligero y movía las piernas de una forma extraña.

El niño la miraba perplejo. Cuando ella estuvo demasiado cerca, reaccionó.

—¡¡No!! —gritó a la vez que intentaba detenerla, pero Alicia lo atravesó y siguió el recorrido.

Cuando la chica entró en la casa de color rojo, varias voces lo llamaron.

—¡Izan, aquí! ¡Tenemos tu bocadillo! ¡Te toca buscar!

Abrió su mochila para buscarlo, pero no estaba. Entonces corrió hacia la casa, ya que el almuerzo era algo especial hecho por su mamá.

Cuando entró, le llamó la atención un baúl grande. A cada lado tenía velas que iluminaban el tétrico pasillo.

La puerta de entrada se cerró con violencia. Izan respingó y miró detrás de él, pero allí no había nadie.

—¡¿Dónde estáis?! —preguntó asustado.

El baúl se abrió y  asomaron tres cabezas. Eran rostros infantiles de muñecos manejados de nuevo por esferas y tenían los ojos negros.

—¡Pequeño! ¡La puerta de la izquierda! 

Izan fue hacia donde le indicó la voz, sin perder de vista las tres caras. Puso su manita en el pomo, pero dudaba en abrir. Los tres muñecos lo miraron impacientes y lo amenazaron.

—¡¡Abre la puerta!! 

—Iremos a por ti... 

El pequeño temblaba. 

—¡¡Ábrela!! 

Izan se asustó de nuevo y la abrió de golpe. Descubrió una cocina amplia, con una mesa que estaba bañada con sangre. Sobre ella se encontraba Alicia descuartizada con muchas esferas que la rodeaban. El pequeño, exaltado, corrió hacia la puerta de entrada. Percibió por la vista periférica cómo se levantaron los muñecos y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Se apagaron las velas y el chico chocó con la puerta. Intentó abrirla, pero algo se lo impedía.

—¡No me comáis, por favor! —Sollozaba el pequeño en la oscuridad mientras escuchaba las carcajadas fantasmales—. ¡Comed mi bocadillo, pero no a mí! —Lloraba de miedo. Quería salir de allí y volver a casa.

El chico sintió algo detrás de él. Una mano agarró la suya: era áspera, fría y desagradable. Colocó la mano del pequeño con la palma hacia arriba y puso sobre ella el envoltorio del bocadillo.

—Tráeme más... —dijo la voz—. Tráeme más niños —susurró esta vez al oído de Izan, provocando que su piel se erizara.

Entonces pudo abrir la puerta y salir de allí.

Desde ese día desaparecen niños. A la casa de color rojo la llaman:  «La casa de las esferas».


Este es uno de mis primeros relatos. Está bastante corregido, pero he intentado mantener la esencia. 

Comentarios

  1. Bueno, bueno, para ser uno de los primeros te ha salido terrorífico. Entiéndeme el término. Seguramente su madre no le habría dicho aquello de no hables con desconocidos.
    Un saludo.

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    1. Lo importante era el bocata. Ja, ja, ja. Creo que no dije de qué era el bocadillo. Gracias, Isan. Un abrazo.

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  2. ¡Hola, RR! Un relato del género del hombre del saco. Una historia deliciosa para ser contada oralmente, tiene todos los ingredientes de un relato que engancha. Niños terroríficos, misterio, dosis sangrienta y ese final circular. Un abrazo!

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    1. Cuando sepa narrar bien, haré un vídeo de esta entrada. Gracias, David.

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  3. Hola RR-misterio , pues para ser uno de tus primeros relatos la verdad
    es queda un poco de mieditis , ya que me estoy imaginado la escena y es de pánico
    Un relato muy bueno ,corto pero impactante este no es apto para oírlo en un podcast de esos en los que se oye en la radio , yo al menos no ,jajajajaja y mira que me gusta el terror.
    Saludos de flor.

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    1. Gracias, For. El original está lleno de faltas y mal expresado. Ja, ja, ja. Y aún tengo dudas de si queda alguna. Un abrazo.

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  4. Hola RR-misterio. ¡Que miedo dan los niños!. Me ha gustado el relato, hay mucha tensión pues no sabes que podrá pasar con el pobre Izan. El relato en general me ha resultado inquietante. En cuanto al final , me da penilla del niño porque tengo dos enanos en casa , pero bueno , con ojos de lector que es de lo que se trata, me ha gustado mucho como lo has cerrado. Un saludo y enhorabuena.

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  5. Me ha gustado mucho tu relato, te transporta de la mano de Izan a ese lado escalofriante, donde la chiquilla Alicia se lo lleva. Verdad que plasmas la sensación más escalofriante con la nena ysus puntos negros en la cabeza, luego encontrarsela descuartizada! Para rematar el final de lo mas macabro, Izan debio salir con los mismos puntos negros que Alica! Genial, Misterio.
    Abrazo



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    1. En la versión original, la primera de todas, Izan se llamaba Jeider. No estaba Alicia y no llegó a entrar en la casa de las esferas. Solo una mano asomó por la puerta y le pidió el bocadillo. Ja, ja, ja. Un abrazo, Yessykan. Esta historia tiene 4 versiónes.

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  6. Está genial. Y creo que con cada versión ha mejorado aún más.
    Enhorabuena y un abrazo.

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