Diario de un asesino +18 (parte 1)


 

La preparación

Encontré lo que será mi lugar de operaciones durante un tiempo. Estaba todo preparado para cuando llegase ella. Era una casita apartada, muy bonita y espaciosa. «Lo vamos a pasar muy bien juntos. Tengo velas, la chimenea y leña están preparadas para el momento. Estoy muy ilusionado, he soñado con esto tantas veces…».

Cociné un buen pollo para cenar, compré el mejor vino, y de postre fresas con nata o café. Me olvidaba de la música romántica, baladas para bailar pegados. Espero... que esta vez no me arruine la cena, siempre me rechazan. ¡Y al final! ¡La sorpresa! Mi parte favorita.

La primera vez que la vi

Para empezar tengo que dar un consejo: nunca guardéis el teléfono móvil en el bolsillo de atrás del pantalón, es muy fácil de robar. Siempre uso esta técnica.

Todo estaba a oscuras, excepto por las luces que iluminaban la pista de baile en aquella boda. Lo sé, está mal que me meta en lugares que no me conciernen, pero es fácil hacerse pasar por un familiar más. Además fui a una celebración, porque es sospechoso ir siempre a los cines o teatros.

Era el momento perfecto, pasé desapercibido y me acerqué a ella. Fue tan sencillo robarle el teléfono… Todos bailaban o estaban bebidos. Cuando salí de allí lo primero que hice fue anotar el número en un papel. Me puse muy contento, había conocido a la que sería el amor de mi vida. Ahora solo era cuestión de esperar.

Cómo nos conocimos

Una semana más tarde, probé a contactarla por Whatssap. ¡Qué alegría! Fue todo un éxito.

Hola.

¿Quién eres?

Me llamo Ramón. Encontré un móvil y a base de investigar me ha llevado a este número.

¿Dónde lo encontraste?

Estaba en la boda de un amigo y lo encontré en una mesa. Pensé que era de algún familiar, pero no era de ninguno. He llamado a la compañía telefónica, y de esta forma he conseguido contactarte.

En este punto, ella tardó bastante en contestar. Supongo que tenía que verificar la información que yo le di.

Quiero una foto tuya y del móvil.

Por supuesto.

«Archivo recibido por...».

No soy idiota, tenía preparada una foto editada y preparada.

¿Cuándo podemos quedar? Necesito mi móvil.

Cuando quieras y donde quieras.

Mañana a las «19:00», en el centro comercial El shopping.

Está bien. ¿Alguna parte en especial?

Junto a la estatua del piso de arriba. La que es un vikingo.

Allí nos veremos. ¿Cómo sabré que eres tú?

Llevaré un vestido rojo, tengo el pelo largo.

Hasta mañana.

El encuentro con el amor de mi vida

Allí estaba, me esperaba junto a la estatua. Me buscaba con la mirada. Yo estaba muy nervioso, pero al final me acerqué a ella. Le entregué el teléfono móvil y conseguí convencerla para invitarla a unas cervezas. Solo me pongo el traje para estas ocasiones especiales.

Lo siento, pero no tenía otra opción: «Te acompaño al coche, Cristina». En el parking me percaté de que estábamos solos. Al llegar al auto, saqué un paño mojado con cloroformo. Me coloqué detrás de ella, la abracé por detrás y lo puse en su rostro. Me costó un poco sacar las llaves del vehículo de su bolso, pero al final lo conseguí. Después la tumbé en la parte de atrás del coche. Tardaría unas horas en despertarse.

Nuestra cena especial

La música ambientaba el salón. Encendí las velas. Ella lloraba, el rímel se le había corrido y tenía los ojos húmedos. Tuve que atarla a la silla y taparle la boca.

Cristina… ¿Por qué hemos llegado a esto? Trataba de que me comprendiera. Tus gritos no ayudan, solo quiero que esto salga bien. Papá siempre decía: «Si grita, hay que castigarle». —Le acaricié la cara con mis dedos.

Ella apartó el rostro de mi mano, lo que hizo que se me escapara una bofetada.

—¿Ves lo que tengo que hacer? ¡Me obligas…! —dije mientras me colocaba detrás de ella. La abracé por la espalda y le acaricié el pelo—. Tienes que comer, has gastado mucha energía.

Serví la mesa: un plato a cada uno con los cubiertos y vaso.
—¡Sorpresa! —dije mientras colocaba la bandeja con el pollo—. ¡Y el vino... que no puede faltar para esta velada especial! —exclamé a la vez que rellenaba los vasos, le dediqué la mejor de mis sonrisas... Ella siempre saca lo mejor de mí.

Me acerqué a ella y dejé libre su boca, después de todo creo que ya se ha calmado... Ya ha entendido que amarme es lo mejor que le puede pasar en la vida.

—Por favor..., Ramón —expresó en voz baja, intentaba no llorar.

Abrí uno de los cajones de golpe, seguramente está hambrienta y no quiero hacerla esperar, y saqué un cuchillo de cocina bien afilado. No paraba de mirarme, supongo que le atraigo, es algo normal. Me acerqué a la mesa, despacio para darle tiempo de saciar sus ganas de mirarme. Seguramente no puede creer la suerte que tiene de tenerme a mí, un hombre que haría cualquier cosa para darle una cena romántica inolvidable.

—No... No diré nada. —sollozaba, incluso derramó alguna lágrima que me llegó al alma.

—Supongo que estás emocionada por el momento, ¿¡verdad!? —Clavé el cuchillo en el pollo y noté cómo ella pegaba un pequeño salto—. Tienes mucha hambre, ¿no? No te preocupes, pronto comerás. ¿Quieres la pechuga, cariño?


La primera noche
Le tumbé en la cama con el cuidado que ella merece. Los primeros días tendría que atarla, ella aún estaba confusa y nunca había sentido tanto amor por alguien. Le puse cinta en la boca y comprobé que no pudiera escapar, quiero que esté segura. Si necesita algo yo cuidaré de ella, algún día me lo agradecerá. Apagué la luz, de forma que la habitación solo era iluminada por la luna a través de la ventana.
—Pobre, estás agotada. —Le besé en la frente—. Estoy muy contento de que estés ya en casa. Te amo…, tranquila, ya sé que tú a mí también. Descansa.

Hicimos una última mirada de enamorados, ella tenía los ojos bien abiertos.

Salí de la habitación y me senté a disfrutar del vino. «Por fin hemos cumplido el sueño de vivir juntos, ahora nada ni nadie podrá separarnos». Me preocupé un poco, quería que ella descansará, pero no quería que se sienta sola…

Fui a la puerta de la habitación para observarla. Estuve un rato allí de pie en la oscuridad, velaba para que estuviera bien. Ella no pestañeaba, yo era el centro de atención, de hecho parecía jadear. Creo que ella estaba muy caliente por mí, pero debía respetarla la primera noche... ¿no? Unos minutos más tarde, ella parecía temblar mientras me comía con la mirada. Entonces entendí: ella quería que durmiéramos juntos. ¡Qué alegría! ¡Qué hermosa es la conexión física de nuestras almas!

—¡¡Ah!! —grité y corrí para saltar sobre la cama—. ¡Ya estoy aquí, cariño!

Ella gritó tan fuerte que casi despegó la cinta que tenía en la boca. Se irguió hasta donde le permitían las cuerdas y comenzó a llorar; además parecía desesperada. Se movía de un lado a otro con violencia.

—¡Ya sé qué te pasa, cariño! —Tumbado al lado de ella, empecé a hacerle cosquillas.
No le escuche reír, pero de repente se quedó dormida sin más. Dormimos juntos la primera noche, somos muy afortunados de poder expresar nuestro amor con tanta naturalidad.

Fin de la primera parte.

Este relato fue idea del escritor Claudio Roldán, gracias.

 https://roldanescritor.wixsite.com/literatura

Quiero agradecer a la escritora Débora A. Perugorría por su colaboración en el relato.

https://www.facebook.com/D.A.Perugorria


Comentarios

  1. ¡Es maravilloso! La parte en que Ramón habla de su padre me da a pensar que ha tenido una mala vida, y a saber que le pasó a su madre a manos de aquel hombre. La manera en que tiene Ramón para hablar de Cristina... Que psicópata. Pero me ha encantado. Ojalá haya una segunda parte, por que es increíble. Cada relato que subes, es mejor que el anterior. Te admira mucho, tu amiga; Aqqua.

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    1. Jo, Aqua. Me dejas sin palabras. Nos debemos un café y una charla. Yo también te aprecio mucho, amiga.

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    2. Ostia puta.
      Que idea tan paralela de la realidad.
      Me gusta.
      Grande amigo....

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    3. Gracias, tío. Nos vemos por Whatssap.

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  2. ¡Hola, RR! ¡Brutal! ¡Qué lástima que este relato no llegara para la convocatoria que dedicamos a Jim Thompson y 1280 Almas y en la que el requisito era un relato protagonizado por un psicópata. Sin duda este se llevaría la palma por macabro. Un relato magnífico, al estar narrado en primera persona consigue estremecer la frialdad del mismo, la desfiguración de la realidad, las pérdidas de nervios... todo lo que precisa la figura del Narrador no fiable, que lo has bordado. A través de él, hemos sentido la desesperación de ella... y lo que le queda. Muy, pero que muy buen relato. Un abrazo!!

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    1. Pues sí, que lástima. No pasa nada. Gracias por comentar y dar tu opinión, hoy dormiré mejor. Siempre es agradable leerte. Un saludo, David.

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