Microrrelato para no dormir 9#




Después de una temporada, conseguí regresar a casa. Abrí la puerta, allí estaba la mujer de mi vida. Pudo abandonarme, pero no lo hizo. Enseguida me detectó con esos hermosos ojos verdes. Caminó hasta mí, despacio, de una forma muy sensual. Conectamos las miradas y me premió con mucho placer al besar mis labios. Después de un abrazo, me dolió recordar que ella no podía tener hijos. Fue difícil conseguir a mi niño. 

Cuando el pequeño me vio, lloró de alegría. Le ayudé a subir sobre mis hombros y disfrutamos de los juegos que hacíamos antes de mi última salida. 

Tenía que volver a hacerlo, al menos intentarlo: quería tener a la «niña de mis ojos», era lo que nos faltaba para ser una familia completa. Me hacía tanto daño ese vacío... «Ya sabes cómo se hace, tranquilo». 

Esta vez no podía fallar, «tiene que darme tiempo». Entré en mi habitación, aspiré hondo y me dejé llevar, después de soltar el aire, comencé a visualizar a la pequeña con la imaginación: pelo moreno, ojos verdes como la madre y parecida al hermano, vestida de princesa, «porque eso es lo que será, mi princesita». 

Estuve trabajando durante muchas horas. Si cerraba los ojos, ella desaparecía  y tenía que empezar de nuevo. Poco a poco fue moviendo los brazos, piernas o sonreía. Aunque lo que más ansiaba era que me llamara papá. 

Estaba amaneciendo y lo había conseguido. Allí estaba mi hija, éramos una familia. Sentí que era la envidia de aquellos que dicen: «La felicidad se mide en frascos pequeños». Me concentré en ella y esperé esa palabra... El tiempo se hizo eterno, pero no me importaba, hasta que la bocina de aquel vehículo me hizo levantar rápido del sitio.

Tres doctores entraron en casa y corrieron hacia mí.

—Tú puedes, hija. —Lo intenté el poco tiempo que me quedaba.

—¡Quédese quieto, no le haremos daño!

—¡Di papá, amor! —insistí, ignorando las indicaciones. Me agarraron y a rastras me sacaron de mi propia casa—. ¡Cariño, por favor, llámame papá! —Pero, aunque ella movía su boquita queriendo decirlo, no salía su voz—. ¡¡No!! ¡¡Dejadme!! —Y mientras me llevaban al auto, pude ver a mi mujer e hijos llorar, porque me iba de nuevo.

Me esposaron y me metieron en el mismo coche de siempre. 

—¡¡¿Por qué me hacéis esto?!! —grité, mientras sentía cómo me inyectaban algo en el brazo.

Cuando me estaba quedando dormido, les escuché hablar.

—Siempre vuelve a esa casa abandonada. Así nunca la venderán.

Comentarios

  1. ¡Hola, RR! Jo, ese giro final redimensiona todo el relato. Transforma el tono fantástico en amargura. Y es que cuando la realidad y la cordura son como son, lo mejor es refugiarse en la locura de la fantasía. Un abrazo!

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  2. Hola RR un relato tremendo. Creo no podré dormir, saludos!

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  3. Hola RR. No sabia por donde iba el relato hasta que queda todo explicado perfectamente en ese final demoledor. Muy interesante. Un abrazo.

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    1. Era un tema difícil, lo lógico era hacerlo de fantasmas. Pero estamos con este tema y teníamos que hacer un relato. Gracias, Pedro, un abrazo.

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  4. No obstante, sigo convencido de que aquí más locos fuera que dentro los loqueros.

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    1. Totalmente de acuerdo. Lo que pasa es que sabemos disimularlo muy bien. Un abrazo, Cabrónidas.

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