PLaneta de agua

 


Unos minutos después el agua se empieza a mover, primero con un leve zumbido, luego toda el agua es arrastrada por un viento huracanado que viene del sur, surgiendo en el horizonte un monstruo terrible.

Una criatura de como 5 metros como entre pulpo y dragón, con unas alas rudimentarias como de murciélago, de su boca sostenía cuatro tentáculos pulposos, llenos de baba como todo su robusto cuerpo, que abrió en un grito desaforado que me lleno la cara de la saliva asquerosa y mal oliente, y casi me vuela si no fuera por haber clavado mi espada en la roca en la que me sostenía, y que de milagro no me rompió los tímpanos.

El monstruo terrible se acercaba hacia mí, para exterminarme, su tamaño y contextura es atroz, mis posibilidades de vencer ante tal oponente son nulas, incluso siendo el mejor samurái de Japón. Aunque por eso mismo, porque soy un samurái y es mi deber enfrentarme con valentía a cualquier clase de oponente, incluso a los invencible. Saco mi espada katana1 la cual había clavado en la roca e impulsándome desde esta doy un salto dirigiéndome a la cabeza del monstruo, le corto dos tentáculos de un movimiento ágil de la hoja de mi espada limpia, y el monstruo se retuerce de dolor, mientras yo corro por su espalda con mi katana llena de su sangre de un color entre negro y rojizo. Corro por su columna vertebral, buscando la oportunidad de volver a atacar a mi oponente de una manera certera. Encuentro que mis músculos, mi agilidad, y mis habilidades como guerrero han mejorado de una manera sobrenatural, hubiera sido imposible que mi capacidad de humano hubiera podido saltar desde esa distancia de metros hasta la boca del monstruo cortando de un zaque de espada sus dos gruesos y potentes tentáculos, ni el mejor de los samuráis podría hacer un acto semejante, casi volé atacando a mi enemigo con una fuerza que no es propia, esa agilidad y fortaleza son dignas únicamente de los dioses. Me pregunto si el espíritu que mora en mí, fue el que me capacito con tal fuerza y agilidad, sobrehumana.

La bestia pega un chillido agudo y estremecedor, amenazando con dejarme sordo, gira sobre su eje tratando de quitarme, estoy como una serpiente mordiendo a su oso negro, sosteniéndome de las escamas de la bestia, en una mano me sostengo apretando su escama, en mi otra mano le clavo mi wakizashi2 en la espalda. Pero no voy a soportar demasiado tiempo en esta manera, asique dejo mi wakizashi en sus carnes y corro cuesta arriba, no puedo creer que pueda correr cuesta arriba como si la gravedad no existiera en mi lucha, extendiendo mi katana dirijo mis ojos a la meta, su cuello. Pero el monstruo logra hacerse de la ventaja esta vez y me atrapa como a una araña venenosa a punto de dar su picadura mortal, me aprieta con su puño para deshacerme, siento la presión quitándome el aire amenazando con destruir todos mis órganos, mi agilidad y fuerza logra superarlo otra vez y con otro movimiento de mi espada logro cortarle el dedo menique. La bestia vuelve a chillar del profundo dolor, mutilado por segunda vez. Salto de su mano, ahora si al cuello, pero su otra mano me estampa parta atrás, mi cuerpo adolorido vuela en el aire golpeando contra una de esas rocas, se rompe por mi estampida. Milagrosamente el golpe no destruye mi cuerpo y continuo con vida, esto indudablemente debe de ser obra del espíritu que mora en mí, no puede ser de otra manera, ningún ser humano resistiría un golpe como este. Aun así, mi cuerpo está demasiado adolorido por la batalla y apenas consigo ponerme en pie, me cuesta abrir los ojos ahora lo veo borrosamente, el monstruo se retuerce de dolor, pero a su vez se acerca para darme el golpe final, apenas puedo seguir sosteniendo mi espada con mi mano derecha, este es el fin, solo tengo fuerzas para dar un salto más y si no lo consigo esta vez, aunque esté dotado del poder de los infiernos, moriré indudablemente. Sostengo mi espada con las ultimas vástagos de mis fuerzas, decidido a saltar doy mi último golpe de gracia sobre el enemigo, esta vez lo logro, consigo encontrar su cuello, entierro mi katana en sus carnes por completo sosteniéndome de su mango, mientras la criatura da sus últimos retorcijones de dolor empapándome de esa sangre oscura que sale como chorro de su cuello herido.

A los segundos, deja de moverse y como una enorme bestia cae a la superficie, las aguas se calman, lo que sostenía al monstruo sobre el agua deja de ser, y el cuerpo inerte de la bestia se sumerge en la profundidad de las aguas, hasta caer en lo que parece ser una montaña submarina que detiene su caída, mi cuerpo mal herido al borde de la muerte está encima de su cadáver soportando la temperatura y presión que amenaza con reventar mis órganos internos. Ya no tengo fuerzas para resistirme, dejándome vencer en este lugar oscuro y caluroso donde será mi tumba.

Este es el fin, en mis últimos segundos de vida vislumbro una imagen, unos seres sobre mi cabeza, sus cuerpos son como de unas criaturas humanoides con cola de pescados, eso logro vislumbrar penas con mis ojos entreabiertos, hablan en un lenguaje extraño, creo que son las mismas criaturas que vi en un principio. Estoy a punto de morir ahogado, por el calor y la presión, mis pulmones llenos de agua, puedo ver la sangre saliendo de mi nariz, pero no es lo único que veo. El espíritu que mora en mi sale de mi pecho mirándome a la cara, como si un hilo lo sostuviera dentro de mí. Pese a mi condición y de estar debajo del agua lo veía a la perfección Su rostro era como el que vi el día que ese hechicero lo introdujo a mi cuerpo, su capa salía de mi cuerpo terminando en una corona negra como de pinches, sobre una cabeza masculina de enorme belleza, pero a su vez de un porte espeluznante y de una sensación tan maligna como tormentosa. Su rostro, aunque bello me generaba una sensación terrible de desasosiego, él sonreía como si disfrutara mi derrota y yo quería girar mi cara para no continuar con el tormento que le hacía a mi alma el de tener que observarlo, pero no podía mi cuerpo estaba paralizado. Fue entonces cuando salieron palabras de su boca y sus palabras eran estremecedoras como saetas de fuego saliendo del mismísimo infierno, pese a incluso estar bajo el agua las oía muy bien.

_ Es tu decisión hijo de Hachiman, descendiente de los guerreros Minamoto

_ ¿Que? …. – susurro en el agua con mis pocas fuerzas

_ Elohim3 te protege. Si decides vivir soportaras grandes tormentos en este planeta totalmente ajeno a tu naturaleza, inundado de crueles y fieras criaturas que ni te imaginas, hasta que al final no puedas soportarlo más, no quedándote más remedio que suplicarme la muerte con todas las fuerzas de tu espíritu. Tú eliges, morir ahora en paz o más tarde lleno de insoportables padecimientos

El yokai4 se paró frete a mi mirándome como si esperaba algo de mí, una respuesta. Lo único que quería era no morir aquí, asique suplique con mis últimas fuerzas.

_ Quiero vivir, quiero vivir

Sus cejas espesas en una espesura línea recta sobre sus ojos se flexionan, siento su suspiro de fastidio y bronca. En esa actitud de desaprobación y enfado desaparece volviendo a introducirse en mi ser, no sin antes emanar una luz que curo mis heridas.

 Siento mis fuerzas recuperarse, de repente encontré que las temperaturas no son tan abrazadoras, ni la presión, puedo respirar dentro del agua y como si hubiera estado soportando la respiración por un largo periodo de tiempo exhalo levantando mi cabeza, hasta mis ojos logran ver a la perfección dentro del agua, como si mi cuerpo hubiera sido transformado.


Fragmento de segundo capitulo de novela... aun no tiene nombre la novela acepto sugerencias...

Comentarios

  1. Vaya pelea, ha sido una lucha bastante interesante. Buen fragmento del capítulo dos. No sé, cómo llamaría a la novela. Aún no se me ocurre ningún nombre.

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  2. Ese monstruo lovecraftiano se hizo sushi xD. Este fragmento me gustó más que el anterior. Lo que implica en el futuro de la trama.

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