Microrrelato para no dormir 8#


 

Pensé que esa noche estaría sola en aquel cine, pero el ruido me asustó y empecé a ponerme nerviosa.

—¿Hola? —Necesitaba una respuesta y ubicar la voz de esa cosa.

Mis pulsaciones cada vez eran más fuertes, escuché unos pasos detrás de mí y respingué cuando algo cayó al suelo.

—¡¡Clara!! ¡¿No quieres jugar a hacer daño?! —gritó la voz grave y desagradable de siempre. 

Corrí lo más rápido que pude hasta esconderme detrás de un mostrador. Jadeaba, mi corazón sabía que algo no estaba bien. Mi olfato había dejado atrás el olor a palomitas, para recibir ese aroma a muerte que tanto le caracteriza. Mis oídos comenzaron a pitar, pero ya estoy acostumbrada. 

Me percaté de que al otro lado alguien caminaba y que trataba de no hacer ruido. Tenía miedo de que me agarrara desde arriba, así que observé el lugar lo más rápido que pude. Encontré un cajón y al abrirlo vi un cuchillo. 

En ese instante una mano asomó por el mostrador, justo encima de mí. Agarré el puñal, me levanté y se lo clavé repetidas veces a aquel hombre en la cara. La sangre salpicó mi ropa, rostro y pelo. Vi cómo caía al suelo y solté el cuchillo. Me senté, abracé mis rodillas y dejé que el placer recorriera mi cuerpo. Entonces sentí un beso en la frente.

—Estoy orgulloso de ti, Clara —me susurró la voz. 

«Lo siento, pero no puedo evitar jugar a hacer daño».


Comentarios

  1. Muchas gracias por dejarme leer este relato. Es escalofriante. Mi película favorita de terror es Malasaña 32. Un saludo! Te debo un café!

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  2. Muy bueno, con esa presencia inquietante.
    Un abrazo.

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